
El viejo periodista farandulero, que aprendió el oficio más lindo del planeta entre teletipos, grabadoras de alambre y micrófonos macizos, que deben haber pesado un kilo por lo menos, volvió a casa, cuando las piernas le pesaban, las ojeras eran bolsas, y ya no podía fumar por indicación del médico.
En la pared de su casa no colgaban diplomas ¿cómo iba a ser eso, si era autodidacta?...¡naranjas!, sin embargo era, y es, le hago un tributo, más periodista que todos los que profesan la profesión egresados de Escuelas de la Comunicación, Institutos de la Palabra, Facultades de Periodismo, Magisters y Diplomados, pues éstos viven más pendientes de hacerse con un título y de ser informados más que de informar, y cuando los instrumentos modernos del Armagedón, les hacen la pega…pero dejémonos de sermones rancios como escribía Antonio Casero, a quien conoció en persona el bajito, enjuto,que ahora nos acompaña, sin darse cuenta, y que hizo las noches días, y de los días un permanente cortejo a las bataclanas (perdonéseme el término, pues he notado que a nadie le gusta, y no puede venir más al caso), cantantes de vaudeville, artistas de radioteatros, radios de shows en vivo, recitadores de cante jondo, bailarinas de tap, pioneros del rock and roll y toda esa fauna, que vivía del aplauso, no tenían vida privada, y que importa, vivían en conventillos a veces, y tipín siete de la tarde nacían al mundo, con el pelo engominado los hombres, y las mujeres con polvera en ristre, y con olores a lavanda, tras las orejas, que inundaban la calle de sus barrios periféricos, al salir a tomar la micro, que los dejaba a una cuadra del teatro Bim Bam Bum, o de la boite Tap Room, o el Mon Bijou.
Ése, el que describía en el primer párrafo entonces, y para la revista Ecran, entrevistaba, cuando la entrevista era un arte, y él que se lucía era el entrevistado y no el periodista, y le sacaba a la estrella la primicia, y no el cahuín, les sacaba fotos, no les grababa para callado, ni les hacía zancadillas, y sin embargo vendía como nadie, y las imprentas no daban abasto para los tirajes, y la gente era feliz, mirando a sus ídolos, que si lo eran, de los cuales quedan algunos sobrevivientes vagando con sus diabetes y dedos amputados, su escasa dopamina, y con un tubo de somníferos, pues los viejos, ya lo saben ustedes, no duermen, vigilan, pero de vigilia…
Bueno, ese periodista, el mismito, me ha dicho cuando volvía a casa, como les contaba, una frase que casi se cae al suelo, si no la recojo, si no presto atención a su caminar cansino, a su perfil de Truman Capote, y cuando este año agoniza : “”el periodismo se aprende haciéndolo””….¡Hasta la vista viejo amigo, ah y feliz año 2011!
Publicado por Eduardo Osorio.