POR EL AMOR DE UNA MUJER

viernes, 14 de agosto de 2009

DIME COMO HUELES……..por Eduardo Osorio.





A pesar de los 50 años transcurridos, tengo en mis fosas nasales pegado el olor a cloroformo, alcohol yodado y hospital, de cuando Mamá entró a Emergencia del Hospital el Salvador, para salir a los tres días con cara de funeral, y el alma trizada.
Dos hermanos míos, mellizos, se iban sin haber siquiera nacido de este mundo.
Hasta el día de hoy, una ambulancia, una cruz roja, una sirena, devuelven la sensación odora a mi cerebro.
El eucaliptus, el màs grueso y alto, ubicado a escasos metros de la puerta principal del Estadio Playa Ancha es el mismo de 1969, por instinto lo se, y al ubicarme debajo y mirar las cotorras que hacen nido, evoco el aroma que hacía ambiente, cuando Colo-Colo venía desde Santiago a rasguñarle un punto a los temibles Panzers, lo que era toda una victoria en territorio enemigo.
De más está decir que el tren y su carga humana, que salía a las seis de la mañana desde la Estación Mapocho, ya me habían aletargado durante el viaje las aletas nasales con el olor a sudor, huevo duro y baños, lo que el árbol que aún está en pie, me despejaba.
La pipa vieja, olorosa, grande, roblosa, de la antigua Viña Ñipas de Chillán, aunque ya no conserva vino y es pieza de museo, me retrotrae a la niñez perdida en un camino que conducía a Yungay, donde mi Tata Pedro, cada verano, nos llevaba a encaramarnos en el árbol genealógico, en medio de bosques de avellanos y trigales , regados por un Río Chillancito, cuyas aguas olían a nada, pero trastornaban por su transparencia y frescura.
Son sensaciones asociadas a experiencias que combaten las dendritas marchitas, y el mejor antídoto para el Alzheimmer del alma.
El perfume a café, oloroso y humeante que se apodera las tardes de invierno del plan de Valparaíso, por otra parte, no tiene precio, y a veces me devuelvo desde Viña exclusivamente a solazarme, imaginando al grano de Corpora moliéndose, y entregando la sabia aromática, a los porteños errabundos y tiritosos de frío.
Vuelvo a Santiago ahora, y recuerdo a Coke, Jorge Délano, pasado a Mónix Verde leyendo El Mercurio en el Salón principal de la Biblioteca Nacional, lo que es un gusto, al batirse las hojas puerteras, y asperjar la fragancia por los pasillos.
Entonces, las consabidas y comedidas frases “todo tiempo pasado fue mejor” , y “el perfume bueno viene en frasco chico” caben o caen de cajón.
No me digan nada del shop de la Elvira, allá en la calle Los Angéles de Vivaceta y a un paso de la Tía Carlina, anegado de espuma, que rebosaba cebada, de cuando la cerveza era cerveza y no sucedánea, y para más colmo entornado con las emanaciones de la fábrica de levadura Lefersa, a metros del “sitio de suceso” refregándote las narices, lo que era un mix, que no he vuelto a experimentar, único, sintomático…
Y si háblabamos de Estadios, creo que los camarines sumergidos en la atmósfera de la embrocación, bengué y el frixo, eran el mejor aliciente para salir a ganar, y no como hoy que se sale a evitar perder, nada más.
Asimismo la Glostora que me domesticaba las mechas, y el Flaño con el cual junto a Adamo salíamos a conquistar percantas, son cómplices que no olvido a la hora del resumen sentimental.
Hace poco una botella de ésas, guardada en el armario adolescente otrora, que hoy es antigüedad, al abrirla me dibujó en el aire cual genio de la lámpara, la fiesta en que conocí a mi esposa, madre de mis hijos, y hoy ausente, que sin embargo la loción me devolvió por unos instantes, grácil, amante, bonita.
Les cuento por otro lado, que la estela olorosa de kerosene quemado , que dejaban los Caravelles, que aterrizaban en Los Cerrillos procedentes de Arica, la asocio al nylon nuevo, juguetes y demás maravillas que provenían de un puerto libre, y que hoy es un “rehén”.
Bueno, siendo justos, en el presente también hay fragancias, que más tarde se relacionarán a otras tantas experiencias, por ejemplo el olor a completo, rhon etílico, y a bencina sin plomo, aunque me sigo quedando con lo del archivo “histórico”.
En fin, ¿pero saben?....siendo de tal carga la sensación odorífera, creo que un ciego a veces ve , pues con esas “señas”, que dejan los olores, debe tan solo atenerse a un evidencial : “dime como hueles y te diré quien eres…..”

1 comentario:

Pilar "Camino del sur" dijo...

Yo huelo a tilo, a menta, a laureles, tambien a violeta, a florcitas silvestres, a infancia trancurrida entre almendros y cerezos, a tierra mojada en fin huelo a hogar de invierno en mi sur, en cocina de campo, con mate leche y tortillas recién robada a las cenizas.

Gracias por éste excelente relato y su invitación a evocar.