POR EL AMOR DE UNA MUJER

viernes, 19 de junio de 2009

PATO PORTALES A LAS 23.53 APORTA SU CUENTO.....


PATO PORTALES...INEFABLE, BUEN ESCRITOR Y AMIGO..A LAS 23.53 ME ESCRIBE Y MANDA SU CUENTO, PARA REPRESENTAR A LOS PROSISTAS..VALE PATO..ACA ESTA SU...


Memorias en la primera lluvia

Nada, nada se compara a una larga inspiración a todo pulmón cuando hace poco rato que comienza a llover…. Tierra mojada, pasto verde, eucaliptos, pinos, romeros…

Fragancias que parecen venir desde el cielo alto o desde el fondo de la tierra con perfumes atrapados… Duraznos maduros… ciruelas rojas… piñas maduras, papayas…

Y flores… violetas, jazmines, heliotropos, alhelíes, juncos, retamos, azahares…

Rico un baño natural de sensaciones que nos recuerda esa parte de agua que llevamos

en el cuerpo de mamífero que nos contiene.

Salí preparado; impermeable, sombrero y paraguas. Bastante empaquetado me sentía. No sé porque en la primera lluvia tomamos todas las precauciones. Sólo me faltaron las “galochas”, esas cosas de goma que son como profilácticos para los zapatos. Sirven mientras no haya que cruzar una calle más o menos anegada. Ahí el caudal entra y los calcetines atrapan un litro de agua por cada pie y las Galochas no la dejan salir.

El paraguas, ese amigo un tanto místico que parece un bastón al revés y que casi siempre es negro. Antiguamente eran italianos o ingleses y muy caros. Se solían conservar por generaciones y había talleres, “reparadoras de paraguas”, donde uno los dejaba y tres días después los retiraba tensos y sonoros, con un clic nuevecito. El recambio de las varillas en mal estado era milagroso. Yo recuerdo uno que heredé de mi abuelo. Tenía el mango de madera de jacarandá con unos tallados medio rococós. Pesaba bastante y después de unas 5 cuadras había que cambiarlo de brazo. Cerrado se ponía en una funda cilíndrica que molestaba bastante abultando el bolsillo del impermeable.

Ahh… el impermeable, también se llamo “piloto”, parece que en tiempo de los aviones de dos alas y sin techo, los tripulantes usaban unos abrigos así de tela engomada. Ahora, los hay de muy diversas calidades y diseños. Todos irremediablemente incómodos. En París, a bordo del metro un día conté 39 personas con impermeable, lo más notable fue que era un día de sol. Me imaginaba que las damas iban desnudas bajo el envoltorio, seguro que alguna vez vi una película en la que la niña llegaba al departamento de su víctima y al abrirse el impermeable, no tenía ni una prenda más.

El otro rasgo singular del impermeable es que no es impermeable. Una vez me confié de un primaveral solcito traicionero en Chiloé, dejé el paraguas en el hotel. Pues me cayó un diluvio y tanto la boina, como el impermeable se me sopearon en tres cuadras.

Al regresar tenía hasta los slips empapados, por suerte la cancahua del dormitorio estaba encendida y pude secar la única tenida apropiada, para mi trabajo de visita inspectiva por

las escuelas de Ancud, por allá por los años 60.

El impermeable actual -que ya no es “Búfalo” como antes-, es una prenda “indispensable para cuando llueve”, pero siempre que el paraguas, -generalmente chino, de a $ 2.000 y desechable-, soporte las embestidas de la lluvia y del viento. Nada como esas viejas mantas de castilla, eran de lana, de pura lana y no había lluvia capaz de traspasarlas, nunca supe cual era el secreto. El problema era transportarlas cuando no llovía, ocupaban un espacio más grande que la maleta. Eran como un enorme murciélago que se negaba a los intentos de prensado, los carros del tren tenían olor a manta mojada cuando llovía. En todo caso yo recuerdo que bajo una de esas negras mantas de castilla, una niña me dio el si y lo pasamos bastante bien en el asiento trasero de una micro rural nocturna, entre Talca y Curicó.

Ahh… la lluvia siempre resulta nueva, siempre nos entra en el corazón como para un lavado refrescante y renovador… Los poetas amamos la lluvia, aunque nos empapemos y terminemos hospitalizados con bronconeumonia… “llueve en mi corazón cuando tu ausencia es sequía prolongada”


Patricio Portales C.

2 comentarios:

Patricio dijo...

GRACIAS Eduardo por admitir mi cuentico, gracias además porque pusiste una foto de la Rambla de Gijón, la ciudad mágica de ASTURIAS, la tierra de mis raices... Tierra de poetas y escritores, alli se juntan todos los años los poetas y escritores del mundo.. algún día ire por allí. Tengo familia aun en ese lugar maravilloso de la orilla Cantabrica.
Paporcoy

maría isabel dijo...

Patito,con tu crónica trajiste recuerdos hermosos a mi memoria,me encantó.Gracias amigo muchas gracias.
cariños de maría isabel